sábado, 17 de enero de 2015

El ayuno y la ingesta de agua en la dieta macrobiótica-

B.T.: ¿La macrobiótica recomienda los ayunos? ¿Qué beneficios recibimos ayunando?
En la macrobiótica no se recomiendan los ayunos, entendiendo estos por pasar uno o varios días sin comer. Cuando ayunamos de esta manera exponemos a nuestro cuerpo a una situación extrema y a un esfuerzo extremo. En los ayunos así entendidos nos quedamos desvitalizados, cansados y sin la energía necesaria para abordar nuestras tareas cotidianas, y cuando por fin tenemos el permiso de alimentarnos vamos a estar tan desbocados que será difícil mantener una dieta equilibrada. No es bueno pasar así de un extremo a otro. Estos ayunos se promueven muchas veces con la intención de eliminar toxinas y depurarnos.
Pero hay formas mejores de conseguirlo. Lo primero que tenemos que hacer si queremos limpiar nuestro cuerpo de los excesos de una etapa anterior es respetar a diario el ayuno nocturno.
Pensarás que esta propuesta es bastante difícil en nuestra cultura española, pero si te fijas bien en toda Europa se hace de esta manera pues la hora de la cena está entre las cinco y las seis de la tarde, y me atrevería a decir que en todo el mundo. Somos el país donde se cena más tarde, una mala costumbre.
B.T.: ¿De dónde obtenemos la energía para trabajar y seguir con nuestras tareas cotidianas si no comemos?
Nuestro organismo dispone de tres tipos de depósitos diferentes de material combustible a los que recurre cuando es necesario:
El más abundante es la grasa del tejido adiposo. Tiene una capacidad ilimitada de almacenamiento. Este depósito se produce a partir de la grasa y de los carbohidaratosque tomamos en nuestra dieta. Se utiliza para realizar una actividad normal que no sea excesiva.
Otro depósito importante es el glucógeno muscular que se almacena en los músculos. Este depósito tiene una capacidad de almacenaje limitada. Las células utilizan estos depósitos como fuente rápida de energía. Y para mantener esfuerzos intensos.
Otro depósito es glucógenos que se almacena en el hígado a partir de los carbohidratos de la dieta. El nivel de almacenamiento de glucógeno es muy limitado y se encarga de mantener el nivel de glucosa en la sangre para evitar una hipoglucemia. Esta es la energía que se consume primero cuando ayunamos. En estos procesos de almacenado y utilización tienen un papel muy importante la función pancreática que tiene que funcionar perfectamente.
Sobre al Agua que bebemos…
B.T.: ¿Qué cantidad de agua debe tomarse al día si respetas una dieta macrobiótica?
Aunque el agua es un buen diurético natural un exceso de líquidos debilita a lo largo del tiempo nuestros riñones por el exceso de trabajo que supone para ellos.
Definir la cantidad de agua que debemos tomar es muy difícil porque una de las característica de la alimentación macrobiótica es que se ajusta a las características de cada persona, al lugar donde vive y al ejercicio físico que realiza. Dependerá pues de las necesidades de cada organismo en particular. El mejor indicativo del agua que debemos beber es la sed.
B.T.: ¿Recomendáis el empleo de filtros de agua a vuestros consultantes? Ya sabemos que el agua del grifo tiene, entre otros, metales pesados y bacterias nocivas para la salud.
El agua que llega a nuestras casas está tratada, no tiene microorganismos vivos pero sí los trae muertos y también algunos contaminantes como puedes ser los nitratos y el cloro y a veces barro que observamos en los depósitos de algunos filtros.
B.T.: ¿Qué efectos nocivos para el organismo produce el flúor que se añade al agua que bebemos?
Según Paul Pitchford en su libro “Sanando con cereales integrales” nos dice “Muchas son las pruebas que se han efectuado con fluoruro en las aguas; algunas indican una mejoría en los dientes mientras que otras muestran un efecto aún peor. Como resultado de las investigaciones en Europa, el tratamiento del agua con fluoruro es ilegal en Suecia, Dinamarca y Holanda. Alemania y Bélgica han descontinuado sus experimentos con fluoruro en la población humana y Francia y Noruega no han encontrado evidencia suficiente para garantizar una fluorización dela agua. En realidad la mayoría de las pruebas son difíciles de interpretar puesto que el contenido mineral del agua misma es uno de los factores decisivos.”
Como propiedades indeseables de la fluorización, continúa diciendo, tenemos:
Inhibe la función correcta de la glándula tiroides y los sistemas enzimáticos. Esto hace que la reducción de peso sea más difícil.
Daña el sistema inmunológico. Los padecimientos serios que pueden presentarse son esclerodermalupus y varias formas de artritis. Al final las probabilidades de cáncer y otras condiciones degenerativas, se elevan.
El flúor es un elemento altamente oxidante, por lo que hay que tener mucho cuidado si se ingiere como complemento ya que puede provocar un envejecimiento prematuro.
B.T.: ¿Beber agua entre comidas ayuda o dificulta la digestión?
Beber mucha agua durante las comidas puede entorpecer la digestión ya que los jugos gástricos se “aguan” y pierden eficacia a la hora de actuar sobre los alimentos. Por lo tanto es mucho mejor beber líquidos entre horas. Esto no quiere decir que no bebamos nada durante las comidas, ¡por supuesto que no! Las comidas macrobióticas son jugosas y llevan sopas, infusiones en el postre y la comida cocinada con sus salsas y su caldo. Pero vamos a procurar evitar consumir muchos alimentos muy salados o secos que nos den mucha sed al comer pues si bebemos demasiado se podría entorpecer el proceso digestivo.
B.T.: ¿La macrobiótica contempla la ingesta de agua de mar para restablecer la salud del organismo? ¿Qué opinas de la Terapia Marina?
No se contempla esta práctica ya que los minerales del mar se añaden a la comida con el uso moderado de la sal marina sin refinar.
Desconozco las terapias marinas pero en mi opinión no hay verdades absolutas, tampoco en la macrobiótica. Otras terapias pueden ser apropiadas si la persona lo considera oportuno puesto que abogamos siempre por una salud responsable.

B.T.: ¿Puedes recomendarnos libros para una novata en macrobiótica?
imagen de la portada del libro nutricion energetica y salud
Imagen: informacionporlaverdad.blogspot.com
  • El libro de la macrobiótica. Michiokushi
  • Alimentación yin yang. Raquel Magen Luque
  • Nutrición energética y salud. Dr. Jorge Pérez- Calvo Soler
  • La cocina de Aveline. Avelinekushi con Alex Yack
  • El regreso del hombre de sal. Martín Macedo
  • La nueva cocina energética. Montse Bradford
 B.T.: ¿Y algún vídeo imprescindible para entender la propuesta macrobiótica?
  • Alimentación macrobiótica y salud. Mati Navas.
  • Macrobiótica. Martín Macedo.
Ver AQUÍ todos los vídeos recomendados por Mati Navas.
Otras entrevista realizadas a Mati Navas:
  • TítuloMacrobiótica: tu alimento afecta a tu campo energético y a tus emociones
Extracto:
¿Qué tienen en común Isabel Preysler y Alejandro Sanz? ¡Que respetan una dieta macrobiótica! Raquel es  hija de Mati Navas, especialista en Macrobiótica y nuestra entrevistada de hoy. A Raquel le diagnosticaron una “enfermedad rara”. Nos comenta Mati que “El médico la sentenció a cinco o seis años de calidad de vida aceptable. Entonces empezó mi búsqueda desesperada para encontrar algo que pudiera ayudar a mi hija”.

  • Título¿Cómo alimentar a tu hijo desde la dieta macrobiótica?
Extracto:
En la Dieta Macrobiótica no hay alimentos prohibidos, pero desaconsejan el azúcar, el cacao y los lácteos. ¿Por qué? ¿En qué beneficia a los niños merendar “ligero” y cenar temprano? ¿Qué ocurre cuando vestimos a nuestros hijos con ropa sintética? ¿Cómo perjudican los colchones de muelles a nuestra infancia? Mati Navas, especialista en Macrobiótica, responde a estas cuestiones y comparte dos desayunos, dos meriendas y dos cenas saludables además de pautas de higiene personal para nuestra infancia.

lunes, 29 de diciembre de 2014

El Arte De Curar


La medicina de oriente presupone una profunda introspección. Sin este trabajo interior la cura no podrá producirse en forma profunda. Será a lo sumo una cura sintomática, parcial. Y por eso el enfermo recae. Porque no curó el interior.
El exterior es un reflejo del interior. Muchos sabios de todas las eras han enseñado que nuestro mundo externo (lo visible, lo manifestado) es un reflejo de nuestro mundo interior (invisible, aun no manifestado). Si nuestro mundo interior está lleno de miedos, tarde o temprano esos “contenidos” internos se convertirán en contenidos externos, visibles y físicos. Por eso la medicina oriental lleva al candidato a la curación hacia el mundo de la filosofía.
Sin filosofía no hay verdadera medicina. Sin filosofía, sin transformación de la realidad interior, no se puede cambiar la realidad exterior. Porque ésta será siempre un reflejo de la interna. Sin desarrollo de la visión y la comprensión la cura será únicamente técnica, mecánica, más o menos brutal, de violencia contra los síntomas o las manifestaciones clínicas (manifestaciones externas).
Aplastar con miedo y violencia los síntomas o las expresiones visibles, sólo refleja un profundo miedo e ignorancia sobre el mundo interior, el mundo de la mente, el mundo del inconsciente. Por ello el maestro Ohsawa, quien trajo la macrobiótica a Francia y occidente en la década de 1950 enseñaba que si no se curaba el “alma” no se había logrado la cura verdadera, y que el enfermo recaería una y otra vez. Aunque haya adoptado la dieta macrobiótica con devoción y rigor, sin transformación interior, sin la incorporación de la filosofía, su cura durará poco. Porque los mecanismos inconscientes (que crearon la enfermedad) siguen activos, intactos. Y volverán a proyectar en el mundo externo nuevamente las mismas cosas, las mismas tragedias, las mismas enfermedades.
A veces la gente de pensamiento simplista me dice: “bueno doctor, dígame de una vez qué debo comer para curarme”. Intento llevarlos a un plano de desarrollo de la comprensión para llegar al “alma”, a la raíz inconsciente del problema y estas personas de pensamiento simple, me apuran para que les diga qué deben comer. Y luego van a sus casas. Y al tratar de aplicar estos cambios en sus hábitos de comidas, y las rutinas de ejercicios y descansos, se encuentran totalmente perdidos. Y son los que más trabajo me dan. Porque toman a la macrobiótica como una técnica curativa más. Reemplazan los corticoides por el arroz y las algas marinas.
No desean pensar. Son demasiado perezosos para pensar. Mejor obedecer las indicaciones y ya está. Se producirá el alivio o la mejoría. Y a veces cuando las mejoras no llegan tan rápido como estas personas desean, me reclaman: “hice todo lo que usted me dijo, comí los alimentos que usted me dijo y no he mejorado todavía”. Y llegan a la conclusión de que este “tratamiento” no da resultados. Hay una medicina para cada tipo de paciente. Para los que no quieren pensar, para los que sólo buscan hacer lo mínimo, para los que se rigen por la Ley del Mínimo Esfuerzo está la medicina de tomar una pastilla y “vuelva el mes que viene”.
La medicina que proponemos es la medicina de la toma de conciencia, la medicina del despertar de la sabiduría, la medicina que requiere el esfuerzo de pensar. Bernard Shaw, irónicamente decía que la mayor parte de las personas piensan dos o tres veces por año. Y que él se había hecho célebre por pensar dos o tres veces por semana. Pensar exige un esfuerzo que todos no están dispuestos a hacer. Para los que no desean hacer este esfuerzo la PAR (poliartritis reumatoidea) es una enfermedad de causa desconocida, muchas veces heredada (también la tenía mi abuela y una tía). No tiene cura y solo “disponemos” de medicinas para aliviar el dolor y la inflamación. Tiene empujes y remisiones, por lo que puede minimizar las dosis durante las etapas de remisión y aumentarla durante los empujes. Y “usted debe aprender a vivir con ello”. Esa es la “comprensión”, el nivel filosófico de la medicina clásica.
En ese paradigma el paciente es un “paciente”, una víctima de la PAR, el no hizo nada malo. Solo que el infortunio se abatió sobre él, sin previo aviso. Nuestra visión es totalmente diferente. El paciente es en realidad un ser activo. Es protagonista. Ha trabajado muy duro y con mucha persistencia para enfermarse.
Consideramos que los lácteos de cualquier tipo junto al azúcar y a los alimentos industrializados, refrescos cola y otras “invenciones” de la civilización son los factores principales para crear una PAR.
¿Quién ha elegido comer esos alimentos durante décadas? ¿Quién ha abierto su boca para introducir decenas de kilos de queso, centenares de tazas de leche de vaca con café y azúcar junto a centenares de litros de refrescos comerciales? Estos hábitos son muy poderosos. Pero el protagonista, ha decidido muy libremente comer todo esto a lo largo de decenios. Y luego se considera una víctima de la genética o del stress. Todos tenemos “malos” genes. Todos tenemos niveles variables de stress. El stress es simplemente la percepción de una amenaza. Cuando percibimos una amenaza, un peligro o una situación que nos saca de nuestra zona de confort y seguridad, liberamos adrenalina y nos ponemos en alerta roja.
También tienen estrés los pájaros y los gatos. Hasta los insectos perciben las amenazas de sus depredadores naturales. Y no tienen PAR. Culpar al stress, a la genética, al cambio climático, a la resonancia Schumann, al smog o a problemas emocionales, es colocar la causa afuera de nuestro centro. Y si la causa está afuera, lógicamente está fuera de nuestro control. No puedo controlar el clima, ni la resonancia Schumann, ni el smog ni a la genética.
Pero si comprendo que mi enfermedad es mi creación, fruto de un largo proceso de toma de decisiones, la situación cambia por completo. Puedo cambiar mis decisiones. Puedo cambiar mi dieta. Puedo cambiar mis hábitos. Puedo hacer una transformación de mi forma de vida.
La persona que padece una PAR, ha trabajado muy duro durante años para comprar los alimentos que provocan el daño articular. Ha trabajado para ganar el dinero necesario para comprar kilos de queso y litros de yogur. Y ha tenido que ir al mercado a comprar bebidas cola, centenares de veces durante mucho tiempo. Es mucho esfuerzo a lo largo de años.
Ha hecho méritos suficientes como para estar enferma. No ha sido consciente. No hay culpa. Pero si hay responsabilidad. Nadie lo ha enfermado. Nada lo ha enfermado. Nadie lo obligó a estimular patológicamente su sistema inmune con caseína proveniente de derivados de la leche. Nadie lo obligó a consumir toneladas de la adictiva azúcar blanca que acidifica la sangre al estimular espectacularmente la población de hongos que viven en el organismo y en particular en el intestino. Eligió acidificar su sangre en forma sostenida durante años. Y si además hay factores hereditarios y alteraciones climáticas junto a trastornos emocionales, todo conspira a favor de la enfermedad. Es necesario curar el alma.
Todo esto que estoy afirmando es un poco brutal para el enfermo afectado con cualquier tipo de artritis crónica pero es necesario para abrir la mente y lograr la cura del “interior”.
Comprender es curar. Sin comprensión no hay cura. Pero si uno comprende y descubre la relación, verá con claridad absoluta qué es lo que hay que cambiar. Y comenzará a curarse a partir de ese mismo momento en que “vió” la luz. Descubrir la causa ya es curar. Pero si la medicina oficial dice “desconocemos la causa” entonces no podrá curar la PAR. Nunca hasta descubrir la causa. Tal vez algunos médicos eminentes la sospechan. Pero mientras todo el establishment no lo acepte, deben reservarse sus opiniones.
Mientras tanto la industria farmacéutica seguirá vendiendo toneladas de antiinflamatorios y corticoides. Y seguirá ganando fortunas. El entorno de “no se sabe la causa, la ciencia aun no la descubrió” es el terreno perfecto para seguir vendiendo drogas que no curan pero que el enfermo debe tomar de por vida. No lo cura, pero no puede dejar de consumir. Y además le genera brutales efectos secundarios. Y encima paga mucho dinero por todo ello. Paga para no curarse, paga para padecer los efectos secundarios, paga para que le sigan dando mensajes de desesperanza, paga para no curar jamás.
Pero cada paciente elige qué medicina seguir. Y en quién creer. Las creencias forman parte de ese mundo interior. De esa realidad interior que crea la realidad exterior. La ignorancia y el miedo crean una proyección llamada enfermedad incurable. La comprensión y la toma de conciencia crean una proyección llamada salud perfecta. Pero esta proyección exterior proviene del interior. Por ello es necesario primero curar el interior. Como decía Ohsawa “curar el alma”. De lo contrario la enfermedad retorna una y otra vez. Y lo hace con la esperanza de que el “paciente” comprenda. Dicen que a buen entendedor pocas palabras bastan. Pero si es mal entendedor, tendrá que aprender con dolor. En ese caso no bastan las palabras.
Entonces aparece el plan B. Con dolor aumentan las probabilidades de comprender y curar el “alma”. Pero algunos ni siquiera con dolor llegan a comprender. Siguen bebiendo leche y negando su responsabilidad hasta el último momento de su vida. Se trata de auténticos héroes. La arrogancia total. La voluntad invertida. La voluntad de permanecer en el infierno hasta el último momento. Es una forma de usar la libertad. La Libertad Infinita que Dios nos otorgó a todos desde el mismo momento de nacer en este planeta.
Dr. Martin Macedo

domingo, 28 de diciembre de 2014

Alimentar El Templo




Nuestro cuerpo físico es un templo. Es perfecto así como es. Es una obra maestra del Creador.
No le estoy proponiendo que sea religioso. Sino que considere por un momento que hay una inteligencia o energía inteligente detrás de toda la maravilla de la creación.
Cualquier organismo unicelular observado al microscopio deja boquiabiertos a los investigadores. Una sola célula con algunos “piecitos” o con una “colita” para nadar es un verdadero espectáculo digno de una película de hollywood.
Un espermatozoide es una genialidad. Uno solo. Y en cada acto amoroso se liberan aproximadamente 800 millones.
Cada vez. Todas las células, de todas las clases, incluyendo a las bacterias, protozoarios y hongos, son organismos de una complejidad que ni las mentes más brillantes llegan a comprender. Solo nos podemos extasiar y maravillar ante tanta perfección.
Según datos aportados por el gran Deepak Chopra una sola célula corriente, es capaz de realizar 6000 funciones biológicas simultáneamente. Cada célula es un organismo en sí. Y sabe cómo sobrevivir. Sabe cómo defenderse. Sabe cómo conseguir pareja. Sabe como reproducirse. Sabe cómo sintetizar su propio ADN y ARN. Sabe como reparar los daños a la membrana o a algunos de sus organelos misteriosos. Ya lo sabe. Y no fue a la Universidad. Lo sabe. Siempre lo ha sabido. Porque las células han evolucionado desde formas simples a las formas actuales, prodigiosas, de una complejidad que asombra y deja perplejo hasta al más indiferente.
Según Bruce Lipton, el célebre médico que promueve la genética de la mente y de las emociones, las células han evolucionado durante 2 billones de años (2 000 000 000 000). Han llegado a la cima de la complejidad y de la perfección biológica. Y luego esas fantásticas células “decidieron” aumentar la complejidad, asociándose, formando grupos de células. Los organismos multicelulares o pluricelulares. Y poco a poco esta complejidad fue haciéndose más y más sofisiticada hasta llegar a las plantas actuales y a los animales actuales. Todos con función perfecta. Con belleza. Con habilidades infinitas.
Una simple araña nos deja pasmados. ¿Cómo teje esa tela con tanta perfección, que ni un ingeniero de la mejor escuela del mundo podría imitar?
Cuando usted come una zanahoria, debería sentir una gran emoción. Es un producto biológico de una elevada sofisticación, y según la sensibilidad de los pueblos tradicionales tiene “alma”.
Todas las formas de vida son grandiosas. Pero no lo vemos así. Estamos fríos como témpanos. No nos asombra ya nada, a menos que cueste 100000 dólares.
No nos conmueve ver a un simple pajarillo romper el huevecillo y nacer con gran voluntad de vivir y cantar. Una gran vida, para un gran pájaro que comienza así, en un pequeño huevo que él mismo rompe o a veces lo rompe algún desalmado. Un simple pajarillo nos enseña. Se va a pasar toda su vida tratando de embellecer este mundo con su canto, con su gracia para volar y brincar. Con su salud este simple animalito va a embellecer un poco más la creación. Y lo rodean peligrosos virus. En el nido, en sus patas, en las ramas donde está afincada su vivienda. Hay virus por todos lados. Y bacterias “asesinas”. Y hongos en las uñas de mamá. Y no pasan desinfectante ni hay filas para la vacunación. Solo hay vida, felicidad, intensidad, pasión por la acción. Y confianza. Podemos convivir todos. Papá y mamá, los hermanos pajaritos, y también la cucaracha que vive a pocos centímetros del nido. Y muchas bacterias y virus que pasean por las ramitas del nido. Y como mamá y papá son los encargados de traer la comida, la regurgitan y alimentan a los polluelos. Con centenares de gérmenes. Porque no hierven los alimentos ni se pasan alcohol en gel. Ni desinfección cada mañana como en los hospitales de los animales humanos.
Los animales se ocupan de vivir. Han venido a la vida a vivir. No a luchar contra las enfermedades. Gozan de salud perfecta. Y si la selección natural halla algún defecto biológico incompatible con una función perfecta, su vida se interrumpirá prematuramente. Y al mismo tiempo están naciendo miles de otras formas perfectas.
Los virus se encargan del trabajo sucio. Las bacterias hacen la labor imprescindible para la belleza de la creación, pero que nosotros no haríamos por todo el oro del mundo. Se encargan de descomponer todas las formas de vida inviables. No es viable. No funciona. Está sin energía. Debilitado. Intoxicado. Enfermo. Frágil. Feo. En proceso degenerativo o involucionando. En proceso de degradación. Y aparecen las bacterias y los virus, los protozoarios y los hongos para acelerar y facilitar la descomposición de esos materiales orgánicos, ex-biológicos, ex-formas saludables-perfectas-funcionales. O directamente con fallas funcionales congénitas. ¿Es cruel? ¿Es brutal? Es la naturaleza. Es brutalmente perfecta. Es amorosamente perfecta. Tiene las dos caras. La cara amorosa de una madre que nutre con su leche y sus caricias. Y la cara despiadada de un tornado o un relámpago que cual hábil cirujano secciona y rehace una nueva realidad biológica. Los microbios han venido a servir.
Las arañas han venido a servir. Los pájaros han venido a servir. Hasta las rocas sirven a un propósito. Usted no ha venido a este mundo a “pasarlo en grande”. Usted ha venido a servir. A servir en grande. A vivir una vida con significado. De servicio. A embellecer este mundo. Con su alegría, con su salud, con su única e imcomparable combinación de talentos. Y el virus vino a servir. Al igual que la bacteria. Vinieron a apurar la degradación de aquellas formas vivientes que ya están desafinando, que ya no pueden tocar en la orquesta sinfónica porque han perdido la magia, la habilidad y la pasión. En la naturaleza sólo perfección. Solo función perfecta. Alegría perfecta. Coraje infinito. Belleza que no deja de asombrarnos.
Si la función es perfecta, si la salud es perfecta, si la belleza es elocuente, si la potencia vital es poderosa los gérmenes no nos molestarán, porque no han venido a atacar a las formas vigorosas sino a las formas decadentes. Para que sus materiales se reciclen y den lugar a la formación de nuevas formas perfectas y hermosas.
Por ello el pajarillo en su nido pia y canta, apasionado y lleno de sueños, de expectativas, de lugares para conocer, volando y viajando a múltiples árboles, ríos, montañas. Y luego encontrar una novia y formar una familia y tener hermosos descendientes. Es la vida. Ha sido así por cientos de miles de años. Son leyes inapelables. De aplicación inmediata. Sin juez. Sin estrado. Sin sesiones de discusión. Se aplican las leyes biológicas inmediatamente y sin discusiones. Así funciona. No lo inventé yo ni lo hizo usted. Ni algún científico o sabio eminente. Son las leyes universales. Eternas y en plena vigencia. En este planeta llamado Tierra, rige la Ley Natural.
Podemos aprender del pajarillo. Y ocuparnos de vivir, de avanzar con pasión tras nuestros sueños, de soñar con grandes hazañas. Con lograr nuestra utopía personal. Las formas perfectas, de elevada salud y perfección, de potencia vital infinita, viven para vivir. No lo hacen llenas de recelo, desconfiando de virus de “alto riesgo oncológico”, buscando la detección de enfermedades mortales mediante revisaciones periódicas y exámenes de marcadores tumorales.
Si los virus nos atacan es porque nuestra potencia vital está disminuida. Nuestras condiciones vitales están perdiendo viabilidad. Nos estamos acercando a un punto peligroso, donde está en duda si estamos capacitados para vivir una vida de plenitud. Con función plena y belleza plena. El virus nos ataca a nosotros. No lo ataca al pajarillo ni al cocodrilo que espera agazapado que algún bisonte distraído se acerque demasiado al lago.
Los virus están para servir. Para atacar las formas vivientes llamadas células que están perdiendo calidad. Que están enfermas. Débiles. Sin buena función. Se están afeando por la degradación de sus funciones.
De la misma forma que un tiburón persigue a los animales heridos o enfermos en el mundo submarino, los virus y bacterias persiguen a las células débiles y alteradas. El tiburón no es malo. Simplemente cumple su servicio de limpiador de los mares. Solo deja con vida a las formas más fuertes, más hermosas, más perfectas, más hábiles y más veloces. Lo viejo, lo herido, lo decadente es inmediatamente eliminado.
También ocurre en el mundo terrestre. El tigre, el león atacan a las formas más débiles, más vulnerables. Con esa política tan cruel y despiadada la naturaleza se asegura que las formas más fuertes, más poderosas continúen y dejen descendientes.
A pesar de las legislaciones humanitarias, la naturaleza sigue su plan. Con el ser humano es lo mismo. Si nos degradamos biológicamente, si no debilitamos, si nos intoxicamos o somos “gourmets”, si incubamos hábitos tóxicos, la ley se aplicará sin consideraciones y con ejecutividad inmediata. Al perder el estado de salud perfecta y función perfecta, seremos atacados por todo tipo de virus y bacterias. Y no tenemos alternativa. O recuperamos nuestros elevados estándares de función o debemos perecer. Y si continuamos intoxicados, la vacuna hará poco. Unas proteínas más no van a cambiar el estado de alteración. La pérdida del equilibrio. Si el templo se ha degradado e intoxicado, poco hará una vacuna. Porque la función perfecta original no se restablecerá hasta lograr el óptimo estado nutricional. Y esa es la forma básica de volver al estado de perfección original.
Como un simple pajarillo. La próxima vez que veamos uno démosle las gracias y hagamos una breve inclinación como cuando se cruza con un gran profesor. Porque es nuestro maestro. El tiene función perfecta, salud perfecta, agilidad perfecta y elegancia sin igual. Y nosotros estamos llenos de miedo. Aprendamos de los que saben cómo nutrirse y cómo moverse. Y aprendamos a volar.
Dr. Martín Macedo

Archivo del blog