Actualmente publico recetas y textos relacionados con la macrobiótica.
viernes, 28 de septiembre de 2018
SÍNTESIS DE DIETA MACROBIÓTICA BÁSICA
DESAYUNO:
Sopa de miso + cereal integral con gomasio + té bancha o té de tres años…
Sopa de miso:
Ingredientes:
- Un cm aproximado de alga wakame
- Agua, algo más de un cazo
- ½ zanahoria mediana
- Una hoja de puerro (la parte blanca y la parte verde) o un trocito de cebolla
- Miso: mugi-miso de soja y cebada (1 cucharada de postre)
Preparación:
Ponemos el agua a hervir.
Se remoja el alga wakame en agua fría (esta agua no se aprovecha) durante 2 minutos.
Cortamos las verduras finas.
Cuando el agua hierve echamos las verduras y el alga, y dejamos hervir un minuto. Seguidamente apagamos el fuego.
Diluimos el miso con un poco de caldo de la sopa y lo incorporamos a ella, una vez apagado el fuego.
Esperamos dos minutos para que el miso haga su movimiento rotativo y ya está lista.
Cereal integral:
El mejor cereal para la salud es el arroz integral, pero también se puede variar tomando otros como la avena, el mijo, la cebada… según las necesidades, las estaciones…
Preparación del arroz
Arroz integral + alga kombu (no se pone previamente en remojo)
Se lava el arroz en un colador y se incorpora al agua que ya estará hirviendo con el alga kombu (una hoja). Una medida de arroz por dos medidas de agua. Cuando el arroz empieza a hervir se baja el fuego al mínimo, se pone un difusor y se tapa. Se recomienda cocinarlo con olla a presión durante 21 minutos cuando se tiene prisa, si no, mejor con olla normal, 45 minutos y 10 minutos de reposo con el fuego apagado.
Ponemos poca sal porque se come espolvoreando una cucharadita de gomasio.
Preparación del té
Tanto el té bancha como el té kukicha (de tres años) no se hierven. Se vierte el agua muy caliente sobre el té y se infusiona 7 minutos.
ALMUERZO:
Proporción de los alimentos en el plato: nuestra propia dentadura nos muestra la proporción de cada uno de los alimentos principales.
En nuestra cavidad bucal tenemos:
- 20 premolares y molares para triturar cereales, legumbres y semillas.
- 8 incisivos para cortar las verduras.
- 4 caninos para desgarrar la proteína animal.
La proporción recomendada en términos generales en la fibromialgia y s.f.c es:
- 40% cereales integrales hervidos con alga kombu + una cucharadita de gomasio.
- 30% verduras biológicas, mejor al vapor o hervidas y, de vez en cuando, salteadas con una cucharadita de aceite de sésamo más una cucharadita de salsa de soja.
- 15% proteínas vegetales o pescado salvaje.
- 10% algas.
- 3% pickles
- 2% semillas de sésamo, calabaza o girasol
Proteínas vegetales:
Legumbres como: lentejas, garbanzos, azuquis… dejar en remojo la noche anterior y, cuando hiervan, sacar la espuma y añadir el alga kombu al agua de la cocción. Tofu fermentado o tempeh o seitán (se tienen que cocer).
MERIENDA:
Té Kukicha + manzana biológica hervida o al horno o al vapor con tortitas de arroz (dos días a la semana). Otros días sólo tortitas de arroz con té verde. Ver las meriendas en el cap. IV de las recetas.
CENA:
Sopa de mugi-miso (miso de cebada) con verduras + cereales integrales hervidos.

RECOMENDACIONES:
- Beber muy poco en la cena, beber poco durante el día, sólo cuando se tenga sed.
- En comida y cena, se recomienda el alga hiziki (sólo cada dos semanas) y la arame (puede tomarse diariamente como la wakame).
- La salsa de soja tiene que ser biológica, ya que si no lo es contiene “glutamato monosódico”, que es muy tóxico.
- El aceite mejor que sea de sésamo.
- Las marcas no importan, lo importante es que sea biológico.
- Alimentos biológicos: no contienen químicos, pesticidas, colorantes, conservantes, potenciadores del sabor…
- Los cereales integrales, las verduras frescas, las legumbres y las semillas tienen implícito el vehículo etérico o de energía, tienen vida. Para alimentarse adecuadamente necesitamos transferir esta energía del mundo vegetal al ser humano.
domingo, 23 de septiembre de 2018
Martín Macedo Reflexión del día domingo 23/9/2018
Uno sólo se enferma cuando no se nutre bien.
Frente a la enfermedad uno debe reflexionar.
¿Dónde he fallado en mi nutrición?
Pero frente a la enfermedad la gente va al médico y no le queda otra opción que seguir sus recomendaciones.
Pero a menos que sea un médico sensible y sabio, la mayor parte de los técnicos llevan al enfermo más y más lejos de la naturaleza.
Lo alentarán a tomar proteínas animales, leche de vaca, vitaminas y medicamentos para mejorar los síntomas.
Recientemente una amiga me consultó por su anciana madre que tiene escaras que no cierran a pesar de los máximos cuidados.
Las escaras tienden a crear infecciones que pueden extenderse a los tejidos profundos y generar una infección generalizada.
Por eso son tan temidas.
La médica que la visita le recomendó que tomara carne de vaca para "cerrar" la herida.
Le indicó que tomara más que si fuera una persona sana porque necesita "reforzar" la capacidad de cicatrización.
Junto con vitaminas y fármacos.
Nosotros nos curamos por esta inquebrantable convicción.
Es nuestra fe que mueve montañas.
Si estoy enfermo he fallado completamente en mi forma de nutrirme.
Debo buscar las fallas en mí mismo y no responsabilizar a factores externos, ni al estrés ni al cambio climático.
Debo corregir mis propias faltas o solicitar el consejo de un amigo esclarecido.
No importa la enfermedad.
No importa la cantidad de diagnósticos.
No importa la cara de susto de los expertos.
No importa la presión de la familia para que aceptes el veredicto de la ciencia.
Frente a la enfermedad tengo un arma poderosa.
Una tremenda pregunta que me hago a mi mismo.
¿Dónde he fallado en mi nutrición?
Entonces corrijo de inmediato esas fallas.
Preparo el mejor arroz, le pongo los condimentos apropiados.
Lo mastico tres veces más que de costumbre.
Tomo mi sopa de misso.
Y un poco de infusión de hierbas poderosas.
Y leo los textos clásicos para nutrir el pensamiento.
Para establecer una poderosa comprensión.
Entonces el miedo se disipa.
La fe que mueve montañas lo reemplaza.
Y lentamente la salud regresa.
Pero lo hace con mayor fuerza que nunca.
Porque un hueso fracturado forma un callo al soldarse.
Y será más fuerte que antes.
Cada enfermedad superada nos deja más fuertes y sabios.
Por eso nadie puede ser un maestro si no ha curado sus propias enfermedades por medio de la nutrición.
El profesor aprende de los libros.
El sabio de sus propios errores.
Frente a la enfermedad uno debe reflexionar.
¿Dónde he fallado en mi nutrición?
Pero frente a la enfermedad la gente va al médico y no le queda otra opción que seguir sus recomendaciones.
Pero a menos que sea un médico sensible y sabio, la mayor parte de los técnicos llevan al enfermo más y más lejos de la naturaleza.
Lo alentarán a tomar proteínas animales, leche de vaca, vitaminas y medicamentos para mejorar los síntomas.
Recientemente una amiga me consultó por su anciana madre que tiene escaras que no cierran a pesar de los máximos cuidados.
Las escaras tienden a crear infecciones que pueden extenderse a los tejidos profundos y generar una infección generalizada.
Por eso son tan temidas.
La médica que la visita le recomendó que tomara carne de vaca para "cerrar" la herida.
Le indicó que tomara más que si fuera una persona sana porque necesita "reforzar" la capacidad de cicatrización.
Junto con vitaminas y fármacos.
Nosotros nos curamos por esta inquebrantable convicción.
Es nuestra fe que mueve montañas.
Si estoy enfermo he fallado completamente en mi forma de nutrirme.
Debo buscar las fallas en mí mismo y no responsabilizar a factores externos, ni al estrés ni al cambio climático.
Debo corregir mis propias faltas o solicitar el consejo de un amigo esclarecido.
No importa la enfermedad.
No importa la cantidad de diagnósticos.
No importa la cara de susto de los expertos.
No importa la presión de la familia para que aceptes el veredicto de la ciencia.
Frente a la enfermedad tengo un arma poderosa.
Una tremenda pregunta que me hago a mi mismo.
¿Dónde he fallado en mi nutrición?
Entonces corrijo de inmediato esas fallas.
Preparo el mejor arroz, le pongo los condimentos apropiados.
Lo mastico tres veces más que de costumbre.
Tomo mi sopa de misso.
Y un poco de infusión de hierbas poderosas.
Y leo los textos clásicos para nutrir el pensamiento.
Para establecer una poderosa comprensión.
Entonces el miedo se disipa.
La fe que mueve montañas lo reemplaza.
Y lentamente la salud regresa.
Pero lo hace con mayor fuerza que nunca.
Porque un hueso fracturado forma un callo al soldarse.
Y será más fuerte que antes.
Cada enfermedad superada nos deja más fuertes y sabios.
Por eso nadie puede ser un maestro si no ha curado sus propias enfermedades por medio de la nutrición.
El profesor aprende de los libros.
El sabio de sus propios errores.
sábado, 22 de septiembre de 2018
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