miércoles, 22 de febrero de 2017

Reflexión de Martín Macedo




Nunca nuestro planeta estuvo tan superpoblado.
Nunca hubo tanta acumulación de contaminantes de todo tipo.
Hemos elegido encarnar en esta era super tóxica.
La más tóxica de toda la historia conocida de este planeta.
Si andamos por la vida con miedo a la contaminación radiactiva, electromagnética, química o a la mala calidad del agua y del aire no podremos ser felices durante esta encarnación en particular.
Debemos fortalecernos al punto de que el miedo desaparezca.
Nuestra única opción para ser felices en este mundo super contaminado es la salud absoluta.
Y la salud absoluta no se consigue huyendo de los contaminantes sino transformando nuestro cuerpo biológico en una máquina poderosa capaz de auto descontaminarse más rápido que otras máquinas no tan saludables.
Para ello es necesario ante todo, tener una vida con abundante actividad física.
El movimiento es lo que asegura que los tóxicos que entren al sistema, salgan rápido.
Y crear un océano en nuestra sangre y en todos los líquidos corporales.
El océano es el lugar del mundo que más contaminantes recibe y los acepta y los convierte en bellísimas formas de vida animal y vegetal.
Sin importar cuántas toneladas recibe de basura todo lo transmuta con su infinito poder .
Porque el océano es el lugar más yang del mundo, debido a la sal marina y a su permanente dinámica.
Si incorporamos un poco de la sal del mar y nos mantenemos dinámicos, nuestra sangre hará olas impulsada por el incansable corazón.
Cuando el poder de los océanos entre en cada célula y en los fluidos que las bañan tendremos una salud poderosa y constante.
Y podremos ser felices porque hemos creado una sangre mágica, un cuerpo sagrado que vive y funciona en uno de los planetas más contaminados del universo.





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